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El desastre global del agua embotellada: más cara y contaminante (y no es más saludable)

LOS DATOS INCLUYEN A ESPAÑA

El desastre global del agua embotellada: más cara y contaminante (y no es más saludable)

Un informe de la ONU advierte de que el crecimiento del sector impide encontrar verdaderas soluciones al problema del suministro de agua potable y segura.


Cualquiera diría que disponer de agua embotellada es un gran avance, sobre todo pensando en algunos países en vías de desarrollo. Sin embargo, un informe de la ONU invita a matizar bastante esa afirmación e incluso a negarla. El crecimiento de esta industria en las últimas décadas está jugando en contra de lograr que toda la humanidad tenga un acceso seguro al líquido elemento. De hecho, está encareciendo este producto, llena de plástico el mundo y obstaculiza el desarrollo de otras infraestructuras.

El Instituto de la ONU para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH, por sus siglas en inglés) registra datos abrumadores en este documento, titulado Global Bottled Water Industry: A Review of Impacts and Trends (en español, Industria Mundial del Agua Embotellada: Una Revisión de Impactos y Tendencias). Cada minuto se venden más de un millón de botellas de agua en todo el mundo, de manera que este sector económico mueve 270.000 millones de dólares cada año y llegará a 500.000 en 2030. De hecho, entre 2010 y 2020 creció un 73%, según la información que recopila el informe tras analizar 109 países. El problema es que, en contra de lo que pueda parecer, este fenómeno no ayuda a proporcionar un acceso universal al agua potable, sino que “frena el progreso global en ese sentido”, asegura el documento, ya que enfoca la atención hacia una opción “menos asequible”, pero muy rentable para los productores.

Un dato ilustra bien el problema: cada litro de agua embotellada cuesta entre 150 y mil veces más que lo que cobra cualquier municipio del mundo por el agua del grifo. Unos 2.000 millones de personas siguen sin disponer de agua potable segura, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Precisamente, cuando se acordaron los ODS en 2015, los expertos estimaron que se necesitaría invertir 114.000 millones de dólares en 15 años para garantizar ese acceso. Sin embargo, el mundo gasta más del doble anualmente en la distribución de agua en botellas y esa meta todavía está lejos.

“El aumento en el consumo del agua embotellada refleja décadas de progreso limitado y muchos fallos en los sistemas públicos de suministro de agua”, declara Kaveh Madani, director de UNU-INWEH. En su opinión, el hecho de que la cuarta parte de la humanidad no tenga acceso a un servicio básico para la vida es un caso de “injusticia social extrema”. Sin embargo, el mercado de las botellas de agua no cubre esas necesidades, limita el acceso por motivos económicos y parece obstaculizar las verdaderas soluciones, que pasarían por la extensión de buenos sistemas de alcantarillado.



Para el 60% de los italianos y para el 80% de los mexicanos, el agua embotellada es su principal fuente de bebida. No obstante, los motivos por los que la población recurre al agua embotellada son muy diferentes distintas regiones del mundo. El informe recoge encuestas realizadas en distintos países y deja claro que las sociedades más desarrolladas tienen la percepción de que este producto es más saludable y que tiene mejor sabor que el agua del grifo. Para muchos no es una necesidad, sino un lujo. En cambio, en los países de ingresos medios y bajos el motivo es mucho más dramático: la mala calidad del agua del grifo y la falta de sistemas públicos que garanticen el suministro de agua corriente no les deja otro remedio. En la mayoría de los casos, estos problemas están relacionados con la corrupción y con la falta crónica de inversiones en infraestructuras.


Informe sobre el agua embotellada en el mundo. (UNU-INWEH)

Sin embargo, las compañías que comercializan el agua embotellada no son inocentes del todo en la configuración de esa percepción, sino que se dedican a llamar la atención sobre los fallos de los sistemas de suministro público de agua incluso cuando solo se trata de problemas puntuales o secundarios. Muchas de estas empresas son multinacionales bien conocidas: PepsiCo, Coca-Cola, Nestlé, Danone y Primo Corporation aglutinan más del 25% de las ventas totales. Incluso donde el agua corriente es de buena calidad o puede llegar a serlo, “es probable que restaurar la confianza en el agua del grifo requiera importantes esfuerzos”, comenta Zeineb Bouhlel, investigador de UNU-INWEH y autor principal del informe.

¿Qué dicen los análisis del agua embotellada?

Por otra parte, el estudio también pone el foco en una cuestión que los consumidores solemos aceptar de forma acrítica en cualquier país del mundo. El hecho de que nos vendan este producto parece una garantía de su seguridad y calidad, pero ¿es realmente así? Los autores enumeran ejemplos de más de 40 países sobre contaminación en cientos de marcas de agua embotellada de los tres tipos que analizan: tratada, mineral y natural. Esta revisión es “una fuerte evidencia contra la percepción engañosa”, señala Bouhlel, “de que el agua embotellada es una fuente de agua potable incuestionablemente segura”.

Según el informe, las empresas embotelladoras pasan menos controles que los servicios públicos de agua. Este sector está menos regulado, se somete a análisis con menos frecuencia y para menos parámetros. Los estrictos estándares de calidad que regulan el suministro de agua del grifo “rara vez se aplican al agua embotellada”, denuncia Vladimir Smakhtin, otro de los autores y ex director de UNU-INWEH, “e incluso si se llevan a cabo dichos análisis, los resultados rara vez llegan al público”. Por eso, el UNU-INWEH propone fortalecer la regulación de este sector en todo el mundo.


Agua embotellada. (EFE)

España no es ajena a estos problemas, ya que el informe incluye varios casos entre los ejemplos de contaminación, recogiendo algunos estudios concretos realizados en las últimas décadas. Uno de los más llamativos hace referencia a un estudio que explicó un brote de salmonela registrado en Gran Canaria en 2006. Los investigadores identificaron un total de 42 casos, la mayoría niños menores de un año que requirieron hospitalización tras beber agua embotellada. En aquella ocasión, tras hallar los microorganismos en el agua, se identificaron fallos en el procesamiento, se cerró la fábrica y la distribución fue cancelada.

Los investigadores explican que la composición mineral del agua que se vende en botellas puede variar significativamente entre diferentes marcas, dentro de la misma marca en diferentes países y hasta entre diferentes botellas aunque pertenezcan a un mismo lote. El producto puede contener diversos tipos de contaminación: metales pesados, pesticidas, microplásticos, bacterias, virus y hongos, entre otros. Además, se puede ver alterado por los diversos procesos de tratamiento, desde la cloración hasta la ozonización. Incluso, una vez embotellada, el agua se ve afectada por las condiciones de almacenamiento, debido a su exposición a la luz o a distintas temperaturas.


Residuos de botellas de plástico. (EFE)

Explotación de recursos y contaminación

Tampoco solemos reparar en que toda esta ingente cantidad de líquido vendido en botellas sale de algún sitio. El estudio denuncia que hay pocos datos disponibles sobre los volúmenes de agua extraídos debido a la falta de transparencia de las empresas que, en particular, evitan ofrecer información sobre las consecuencias ambientales de su actividad. Sin embargo, “los impactos locales sobre los recursos hídricos pueden ser significativos”, alerta el documento, que cita algunos casos llamativos. Por ejemplo, Danone extrae cada día 10 millones de litros de Evian-les-Bains en los Alpes franceses.

Sin embargo, los principales problemas medioambientales que genera esta industria no se concentran al principio de la cadena, sino más bien al final. El sector del agua embotellada representó el 35% de las botellas de plástico PET que se produjeron en 2019 en todo el mundo y el 85% terminó en vertederos convencionales o como residuos no regulados. En 2021 se habrían producido unos 600.000 millones de botellas y envases de plástico, lo que al final se traduce en unos 25 millones de toneladas de residuos. El informe asegura que esto equivaldría a 625.000 camiones de 40 toneladas cada uno, lo que permitiría formar una línea recta entre Nueva York (EEUU) y Bangkok (Tailandia).

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